Sobre La risa del muerto*

 

Por Héctor Amarante

 

La obra literaria ganadora del Premio Internacional de Novela Marcio Veloz Maggiolo, La risa del muerto, de Gustavo Arango, es un relato de largo aliento. Con una estructura arquetípica y bien narrada, desde el punto de vista de un novelista conocedor de los recursos del género y donde se cuenta la historia de un conjunto de historias que alguien esbozó pero que no fueron terminadas.

En la novela hay diferentes voces narrativas entrecruzadas, las que no son recogidas del todo por el autor para ser identificadas y, si lo son, el autor, a propósito, no lo hace de un modo abierto, de modo que inserta su novela dentro de una tradición novelística trascendente y donde se encuentran obras como El obsceno pájaro de la noche, de Jose Donoso; Paradiso, de José Lezama Lima, El astillero y Juntacadáveres de Onetti. Esto por sólo citar  algunos novelistas americanos, porque de entre los europeos la tradición al efecto cuenta con el autor de Por el camino de Swam, Marcel Proust; Ulises, de James Joyce, y La conciencia de Zeno, de Italo Svevo.

La risa del muerto resulta de una gran tendencia artística novelística y, por tanto, va más allá de una esloganera novela de best seller.

Gustavo Arango parece solazarse en haberla escrito del modo que lo ha hecho, puesto que como una trampa tendida al lector, se da el lujo de constituirse, en uno o dos capítulos, en un narrador que muestra capacidad de poder narrar una novela al estilo tradicional, y es cuando narra un capítulo como el número tres, subtitulado Libreta de un periodista: Sin título y lo mismo puede decirse del numero seis, subtitulado Cuaderno azul oscuro: El hombre y la mujer, y en los cuales el novelista que hay en Gustavo Arango narra sin los aprestos recursistas de la novela ultramoderna, al estilo de Onetti y hasta del autor de Rayuela. En esos capítulos se nos convierte su estilo en un García Márquez o una Isabel allende en sus primeras novelas.

En La risa del muerto hay una preocupación por el gran tema de la incertidumbre humana ante el Tiempo y la actitud humana. Es como si entre sus páginas el autor, y mucho más el lector, tuviesen un gran cantero desde donde mirar y descifrar el enigma de la vida y sus sinrazones.

Novelista de experiencia, amante del conocimiento, el autor lo tramita a los lectores como para que estos, y él, y todos juntos, se lancen a la investigación de los conocimientos y por supuesto a su disfrute.

A la vez, La risa del muerto, es protonovela en la que los escritores que la lean se sentirán vivir las angustias del acto creador y los incontables valores, valga la redundancia, del valor de la letra escrita, esa que el novelista Arango parece empeñarse en plastificar en su obra premiada.

Como no hay buena novela sin una simbología, ésta los contiene en buena proporción, y hace uso de aquellos símbolos que por estar presentes en nuestra naturaleza de seres vivos, seres de nuestra colmena social, por lo que nos son tan comunes y manidos que muchas veces no reparamos en que somos esclavos de dichos símbolos. Con cierto humor fino, libre de erotismo pero con una gran dosis de poesía, a veces, las páginas de esta novela nos quieren hacer sentir que se trata de una obra en donde los personajes carecen de caracterización, cuando en realidad lo que ocurre es que las historias que son contadas dominan a los personajes, y ellas toman sus propios caminos, sin importarle al parecer adónde se le han quedado los personajes. Es decir, las historias parecen anular a los personajes.

Extraña novela, pero enmarcada en lo mejor de la tradición de las grandes novelas que muchas veces son citadas pero poco leídas en profundidad, La risa del muerto parece decir demasiado con unas carcajadas que no son del personaje central, sino del autor.

 

*Texto leído durante la presentación del libro en la Librería Calíope, de Manhattan (2003).

 

 

 

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